Cuento Filosófico – Chaimae Zahri

EL GATO AZUL QUE OFRECE EL CARAMELO DE MENTA 

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“Siempre que viajo, llevo una cajita de caramelos de menta porque después de unas horas de viaje, cualquiera está dispuesto a aceptar el caramelo de la musulmana del avión. Ni aunque hubiera gatos azules en el avión, yo sigo siendo el gato azul que ofrece el caramelo en el avión. Y cuando un gato azul te ofrece un caramelo, soy consciente de que no es fácil de aceptar. Entonces cuando el curioso se acerca valientemente y me pregunta mi nombre trato de hacer que valga la pena la pregunta. Me llamo Chaimae. La mayoría de los días soy estudiante de bachillerato. Mi nombre es amante de la lectura y de los viajes. Mi nombre es musulmana, marroquí, española. Mi nombre es sonrisa y mentalidad abierta. Pero en la televisión, mi nombre es terrorista, oprimida y sumisa ; en las noticias es ISIS, yihadista, sospechoso o radical. ¿Pero cómo puede saber mi nombre real sin preguntar? En el mundo de los medios de comunicación y de la información errónea descontrolada resulta difícil la deconstrucción de las historias que oímos. A veces, en lugar de separarlas y aislarlas, tendemos a generalizarlas. Hasta que llega a tal punto que todas las que llevan hiyab necesitan ser liberadas, o todos los que tengan la piel blanca son racistas, o todos los negros son agresivos o cualquiera con barba es capaz de poner una bomba y si el asesino es de tez blanca es un enfermo mental. Y llegamos al punto en el que sentimos que no necesitamos preguntar el nombre a las personas porque ya se los hemos dado nosotros. Debido a la televisión, se está produciendo un cambio de nombres monumental. Los países deportan refugiados. Pero en la televisión estos refugiados son denominados inmigrantes. Seamos realistas, es más razonable deportar inmigrantes que personas que se encuentran fuera del país de donde son originarios, o bien donde residen habitualmente, debido a un temor fundamentado de persecución, que es la definición de un refugiado. Y se les atribuye la elección en lugar de las circunstancias y los beneficios económicos en lugar de la desesperación. Esto ocurre cuando incluimos unos y excluimos otros erróneamente y enjaulamos a miles de personas bajo un letrero que dice: «peligro». También hemos cambiado otros nombres como cuando decimos alienígenas en vez de inmigrante, o gente pobre perezosa en lugar de desigualdad en la distribución de la riqueza o cuando decimos bomba en vez de reloj. Lo más curioso es que la primera historia que cuentan es la que se queda grabada, aunque no sea cierta. Esto ocurre muy a menudo en la televisión. Por eso debemos ser críticos y no creernos todo lo que vemos en la televisión. Antes de hablar sobre algo debemos informarnos bien y evitar ser tan crédulos y fáciles de manipular. Vivimos en una sociedad que no pregunta al otro su nombre. La gente que quiere saber, me preguntará mi nombre .¿Por qué? Porque somos nosotros quienes hacemos nuestras propias declaraciones, no el presentador de los informativos de Telecinco ni el megáfono. Porque nadie puede hablar en nombre de miles en un solo respiro. Porque si me preguntas mi nombre te llevaré de Ávila a Málaga, De Avignon a Rabat. Porque te voy a enseñar mi estantería con mi colección de más de 40 libros y hasta la cafetería por la que paso todas las mañanas para ir al instituto. Pero tenemos que ser valientes y preguntar el nombre. Para que esto ocurra se necesitan dos: el gato azul que ofrece el caramelo de menta y el que lo acepta”.

CHAIMAE ZAHRI HAIDAR, 1º BACHILLERATO B